Jesús, el Buen Pastor

Jesús; el Buen Pastor; “El Señor es mi pastor nada me faltara. ¡Aleluya!”

07 DE MAYO

El cuarto domingo de Pascua la Iglesia celebra el Domingo de Jesús el Buen Pastor, que es una advocación aplicada en el Antiguo Testamento a Dios (Yahvéh) y en el Nuevo Testamento a Jesucristo como parábola.

La metáfora del pastor, en tiempos antiguos, se refería a una persona con autoridad religiosa o política, un gobernante o un líder destacado. En los libros bíblicos del Antiguo Testamento Yahvéh (nombre de Dios en Israel) era el pastor de su pueblo.

El libro de génesis capitulo 49, versículo 24 dice: “por el Pastor y la Roca de Israel”, el Salmo 23, versículo 1: “El Señor es mi Pastor”, el Libro de Ezequiel en el capitulo 34, versículo 12: “Como un pastor vela por su rebaño…así velaré yo por mis ovejas…la oveja perdida la buscaré”; y una referencia más en el libro de Isaías capitulo 40, versículo 11 dice: “Como pastor pastorea su rebaño.”

El propósito de Dios era pastorear a su pueblo por medio de sus gobernantes. Algunos de estos líderes fueron modelos, dechados de fidelidad, dignos de ser imitados. Tal fue el caso de Moisés, Josué, David, los profetas, etc.

Desde el comienzo del cristianismo, el «buen pastor» es la imagen de Jesús de Nazaret que, en su calidad de pastor, cuida y salva a su rebaño, conoce a sus ovejas las llama, las conduce sabiamente y con amor, las protege de robo y destrucción, poniendo finalmente su vida por las ovejas.

El evangelista Juan en el capitulo 10 versículos del 1 al 15 refiere: “En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas…

…Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas… si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto… Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor…y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas”.

Jesús como el Buen Pastor, es el tema más representado en la iconografía paleocristiana, y pueden encontrarse testimonios a partir del siglo II. En unas primeras representaciones Jesús aparece guardando su rebaño y está de pie o a veces sentado. Otra representación y que es de las más reconocidas muestra a Jesús con el cordero extraviado en los brazos o sobre los hombros.

A partir del siglo VI decae la representación del «buen pastor» hasta desaparecer completamente en la Edad Media, hasta que se recupera entre los siglos XV y XVI, pero vuelve a quedar relegada en el siglo XIX. En los siglos XVII y XVIII reaparece a veces con la versión de la «divina pastora».

La variedad de representaciones es numerosa. Las características comunes de las obras suelen presentar a un niño que porta un báculo, cayado o flauta, con túnica, y que tiene en su regazo o lleva sobre los hombros un cordero. También se ha representado con Jesucristo adulto.

En pintura se encontraba ya en la catacumbas de San Calixto o de Domitila. Una de las representaciones del «buen pastor» más conocidas es la de Bartolomé Esteban Murillo. En la escultura ha sido también una imagen común, que empezó siendo esculpida en los flancos de los sarcófagos y recurrente en la música religiosa, como la pieza para órgano, El tríptico del buen pastor, de Jesús Guridi.

Los grandes estudiosos de la Sagrada Escritura, interpretan que la función de Dios o Jesucristo como Buen Pastor es la salvación de la «oveja descarriada» (el hombre como pecador), es por ello que hoy recordamos a Jesús como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.