Solemnidad a Jesucristo, Rey del Universo

La Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, “Señor, tú eres nuestro rey”

25 DE NOVIEMBRE

La Solemnidad de Cristo Rey del Universo, es una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico. Fue promulgada por el Pontífice Pio XI (once) el día 11 de diciembre de 1925 a través de su encíclica Quas primas.
En dicha encíclica, el Papa quiso centrar la atención de todos en la imagen de Cristo, Rey divino, tal como la representaba la primitiva Iglesia, sentado a la derecha del Padre en el ábside, que es la cabecera de las basílicas e iglesias donde aparece rodeado de gloria y majestad. La cruz nos indica que de ella arranca la grandeza imponente de Jesucristo, Rey de vivos y de muertos.

A partir del Concilio ecuménico Vaticano II (segundo), se instituyó el cierre del Año Litúrgico con la fiesta de Cristo Rey, que tiene por objetivo recordar que Jesucristo es el Rey Señor del cielo, de la tierra, de la Iglesia y de las almas.
En 1970 se quiso destacar más el carácter cósmico y escatológico del reinado de Cristo. La fiesta se convirtió en la de Cristo “Rey del Universo”. Con ella apunta ya el tiempo de adviento en la perspectiva de la venida gloriosa del Señor.

Al anunciar y celebrar hoy el triunfo de Cristo, se nos invita a llenarnos de alegría y esperanza, sabiendo que Jesucristo ha prometido su reino eterno a todos los hombres, ese Reino de Dios de: verdad, vida, santidad, gracia, justicia, amor y de paz.

La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser el centro de afán en la vida de cada miembro de la Iglesia. Lograr que Jesucristo reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades y en los pueblos.

Para lograr que Jesús reine en la vida personal y en la de los demás, en primer lugar se debe conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo los corazones a su amor.

El siguiente paso es imitar a Jesucristo, pensar como Cristo, querer como Cristo y sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana, para experimentar el comienzo del Reino de Cristo personalmente.
Por último, viene el compromiso apostólico que consiste en llevar el amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado.

A lo largo de la historia hay innumerables testimonios de cristianos que han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas. Un ejemplo son los mártires de la guerra cristera en México en los años 20’s, quienes por defender su fe, fueron perseguidos y todos ellos murieron gritando: “¡Viva Cristo Rey!”.

La fiesta de Cristo Rey, al finalizar el año litúrgico es una oportunidad de imitar a estos mártires promulgando públicamente que Cristo es el Rey de la vida, el Rey de reyes, el Principio y el Fin de todo el Universo.