Bautismo del Señor

El Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo

8 DE ENERO

El Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, es un episodio en la vida de Jesús que aparece relatado en el Nuevo Testamento, en los tres evangelios sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. También se encuentran alusiones a él en el Evangelio de Juan en el capitulo 1, versículos del 29 al 34, y en los Hechos de los Apóstoles capitulo 1, versículos: 5 10 y 38.

En todos se presenta como el comienzo del ministerio de Jesús, o mejor, como la preparación inmediata a su vida pública. Se narra que Jesús llegó a orillas del río Jordán procedente de Galilea; allí pidió a su primo Juan el bautismo.

Sin embargo Juan le dijo: “Yo Soy el que necesito tu bautismo ¿y tú quieres que yo te bautice?” Pero Jesús le respondió: “Es necesario que cumplamos lo ordenado por Dios”. Ante la respuesta de Jesús; Juan lo bautiza.

En el bautismo de Jesús aparece la triple relación con Dios; es decir el simbolismo del misterio de la Santísima Trinidad: el Padre le llamó Hijo: “Éste es mi Hijo amado”, y el Espíritu Santo descendió sobre Él: “…y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él”.

Por las descripciones de la Biblia, sabemos que Jesús se dio a conocer a diferentes personas, en distintos momentos; es por ello que se celebra como epifanías o manifestaciones tres eventos:

La Epifanía ante los Reyes Magos, que es celebrada el día 6 de enero de cada año, la Epifanía del Bautismo de Jesús, y la Epifanía a sus discípulos y comienzo de su vida pública con el milagro en Caná en el que inicia su actuación pública.

De aquí que la Iglesia católica conmemora el periodo de la Navidad con el nacimiento de Cristo, continúa con la manifestación a las naciones (Epifanía) y concluye hasta el día en que se celebra la fiesta del Bautismo de Jesús y el comienzo de su vida pública.

Las representaciones en el arte del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo son muy antiguas y pueden verse en las catacumbas romanas, en una pintura de la catacumba de Calixto, en la cripta de Lucina del siglo II. Es una composición sencilla en la que sólo aparecen dos figuras: la de Jesús y la de Juan.

A partir del siglo VI la escena se enriquece con otros detalles, como la presencia de ángeles que actúan como acólitos. El mismo río Jordán toma a veces protagonismo en el que se introduce otro elemento como es un ciervo que bebe pacíficamente en la orilla.

En los siglos XIII y XIV los artistas cambian las expresiones iconográficas. En lugar de ver a Jesús sumergido en el agua, se ve a Juan que derrama sobre la cabeza del Mesías el vital líquido con la ayuda de una concha. Tal es la escena que puede contemplarse en los bajorrelieves de la puerta de bronce del baptisterio de Florencia.

Los artistas del renacimiento olvidan el tema de la Trinidad y hacen hincapié sobre el propio acto bautismal.
Representan a Jesús orante y recibiendo el agua derramada sobre su cabeza. Los ángeles participan en este acto solemne. Esta escena de los dos protagonistas más el coro de ángeles se repetirá durante los siglos XVII y XVIII.

Que esta solemnidad nos recuerde que por el bautismo, los cristianos nos revestimos de Cristo, imagen y prototipo del hombre nuevo, creado a imagen de Dios, que nos compromete a hacerlo crecer hasta la plena madurez interior.

La verdadera novedad abarca a todo el hombre, pero radica especialmente en el corazón, un corazón nuevo capaz de conocer, amar, servir a Dios con espíritu filial, para amar a los hombres y a las cosas de Dios. Esta es la tarea inaplazable, fundamental y permanente de toda vida cristiana, en cualquier estado, en cualquier época y en cualquier situación.