Solemnidad de los Santos antepasados de Jesucristo

La Solemnidad de los Santos antepasados de nuestro Señor Jesucristo

24 DE DICIEMBRE

La Iglesia conmemora hoy, en víspera de la Natividad, a todos los santos antepasados de Nuestro Señor Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán, hijo de Adán, es decir, a todos los Padres que agradaron a Dios y que fueron hallados justos y murieron en la fe, sin haber recibido aún las promesas, pero viéndolas de lejos y saludándolas, y de los que nació Cristo según la carne, que es Dios bendito sobre todas las cosas y por todos los siglos.

Aunque en el Martirologio se mencionan a Adán, Abraham y a David, la celebración de hoy no debe individualizar a ninguno de ellos; de hecho, Abraham tiene su conmemoración (el 9 de octubre), y David la propia (el 29 de diciembre).
De lo que trata la memoria de hoy, más que de nombres individuales es de la pertenencia de Jesús a una tradición concreta, a una humanidad que no existe de otro modo más que en la forma de pueblos particulares, con costumbres particulares.

Jesús nació en el seno del pueblo judío, y eso nos dice el Evangelio y lo refresca la conmemoración de hoy no es fruto de una casualidad histórica, sino un hecho de Providencia.

La humanidad de Jesús viene preparada desde los primeros padres de la humanidad, desde los primeros padres del pueblo elegido, desde los primeros representantes del reinado de Dios en Israel.

Es verdad que las dos listas genealógicas de Jesús que nos muestra el Nuevo Testamento, San Mateo (1,1-17) y la de San Lucas (3,23-38), nos informan de una cadena genealógica en muchos aspectos imposible de rastrear, nos quieren enseñar, como evangelio que son, a dirigir nuestra mirada a la historia como plan de Dios, a que acostumbremos nuestra mirada a que incluso lo aparentemente casual, en realidad despliega en el mundo de manera inexorable.

Todos estos santos hombres son purificados por Dios para que al final naciera María, una mujer virgen pura, la Madre del Redentor.

Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica, ordinal 61 señala: “Los patriarcas, los profetas y otros personajes del Antiguo Testamento han sido y serán siempre venerados como santos en todas las tradiciones litúrgicas de la Iglesia”.