San José

San José; Esposo de la santísima Virgen María

19 DE MARZO

José Del hebreo renuéveme (Dios) la familia. El undécimo hijo de Jacob
Según la tradición San José nació en Belén. Sus padres fueron Santiago y Santa Juana. Las genealogías citadas en los libros de Mateo y Lucas en las Sagradas Escrituras, lo hacen descendiente del Rey David.

A San José, Dios le encomendó la responsabilidad y privilegio de ser esposo de la Virgen María. El evangelio de Mateo parte del contexto que vivió San José cuando supo que María estaba embarazada.

Iba a repudiarla en secreto porque era justo, y no quería que fuera apedreada según lo dispuesto en la Ley. El Ángel del Señor le manifestó a San José que la Virgen María había concebido por obra del Espíritu Santo y que su hijo salvaría a su pueblo, por lo que José aceptó a la Virgen María y recibió el don divino de la paternidad, de ahí su dignidad y santidad.

Fue custodio de la Sagrada Familia. Según el evangelio de Mateo cuando Herodes ordenó matar a los bebés de Belén, para salvar al Niño Jesús, San José se desplazó con su familia hasta Egipto. Al morir Herodes regresó, pero no se estableció en Judea por miedo a Arquelao, el hijo de Herodes y decidió esconder a la familia en Nazaret.

San José es llamado el “Santo del silencio”, no se conocen palabras expresadas por él, tan solo se conocen sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su esposa y de su Hijo. José fue “santo” desde antes de los desposorios; un “escogido” de Dios. Desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor.
Fue declarado patrono de la familia. El Papa Pío IX (noveno) lo proclamó patrono de la Iglesia universal en 1870. San José de oficio carpintero también es considerado patrono del trabajo, especialmente de los obreros, por dictamen del Papa Pío XII (doce) en 1955.

Además, ha sido proclamado patrono de América, China, Canadá, Corea, México, Austria, Bélgica, Bohemia, Croacia, Perú y Vietnam. La Iglesia católica lo declaró también protector contra la duda. En 1989 San Juan Pablo II (segundo) le dedicó una exhortación apostólica: “Redemptoris Custos”.