San Benito de Aniano

San Benito de Aniano, Monje

12 DE FEBRERO

Benito Del latín con buen nombre

Benito nació en el año 750 en un poblado al sur de Francia. Fue hijo de Aigulfo, conde visigodo de Maguelona. Se educó en la corte del Rey Pipino el Breve y después en la de Carlomagno.

Tomó parte en la campaña de Lombardía, pero, tiempo después tuvo un accidente en Tesino, cerca de Pavía; donde trató de salvar a su hermano, pero Benito casi se ahogó y por esa causa hizo voto de abandonar el mundo por completo.

De regreso en su tierra natal, confirmó su decisión por consejo de un ermitaño llamado Widmar. En el año 774 fue a una abadía a veinticuatro kilómetros de Dijon, donde lo admitieron como monje. Allí pasó dos años y medio; aprendió la vida monástica y llegó al dominio de sí mismo por medio de severas austeridades.

Después de este tiempo Benito abandonó la abadía ante la falta de rigor de los monjes. Se marchó a Aniano donde construyó una pequeña ermita junto a un arroyo. Allí vivió algunos años en privación voluntaria, orando continuamente a Dios para saber su voluntad.

Algunos ermitaños, se pusieron bajo su dirección; entre ellos estuvo Widmar, quien llegó a ser un santo. Se ganaron su sustento con trabajos manuales, vivieron a pan y agua, excepto los domingos y días de fiesta, cuando añadían un poco de vino o leche, si se los daban de limosna.

Todos, sin excepción trabajaron en los campos y algunas veces se dedicaron a copiar libros. Cuando el número de sus discípulos aumentó, Benito dejó el valle y construyó un monasterio en un sitio más espacioso, con un claustro y una majestuosa iglesia adornada con pilares de mármol; además compró libros para la biblioteca.

En breve y nuevamente tuvo a muchos religiosos bajo su dirección. Al mismo tiempo, llevó la inspección general de todos los monasterios de Provenza, Languedoc y Gascuña. Fue con el tiempo, el director y supervisor de todos los monasterios del imperio y a varios de ellos, los reformó.

Benito nunca dejo de vivir en los monasterios y continuó su ayuda a la restauración de la observancia monástica por toda Francia y Alemania. A él se debe, la redacción de los cánones para la reforma de los monjes del concilio de Aquisgrán en el año 817.

Escribió el Código de Reglas, una colección de todas las reglas monásticas existentes en su tiempo; compiló un libro de homilías para uso de los monjes, sacado de las obras de los Padres de la Iglesia; pero su obra más importante fue la “Concordancia de Reglas,” en la cual comparó las reglas de San Benito de Nursia con las de otros patriarcas de la observancia monástica para mostrar su semejanza.

El monje Benito fue considerado desde entonces como el gran restaurador del monasticismo en el occidente. Agotado por las mortificaciones y fatigas, sufrió de continuas enfermedades en sus últimos días, hasta que murió tranquilamente en 821 a la edad de setenta y un años.