San José Obrero

San José Obrero
José, Del hebreo renuéveme (Dios) la familia. El undécimo hijo de Jacob.

01 DE MAYO

Se cristianizó una fiesta que fue la ocasión anual del trabajador para manifestar sus reivindicaciones, su descontento y hasta sus anhelos; esta fue llamada como: “día de San José Obrero” y fue instituida por el Papa Pío XII (doce) el 1 de mayo de 1955.

El Papa Pio XII (doce) en esa ocasión se dirigió a los obreros con las siguientes palabras: “el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias”.

San José fue, el esposo de María, la madre de Jesús de Nazaret y, por tanto, padre terrenal de Jesús. Según los Evangelios, de oficio artesano, lo que ya en los primeros siglos del cristianismo se concretó en carpintero, profesión que enseñó a su hijo, de quien igualmente se indica que era “artesano”. De condición humilde, aunque las genealogías de los evangelistas Mateo y Lucas, lo presentan como perteneciente a la estirpe del rey David.

La Ciudad de Nazaret era un lugar humilde y desacreditado, hasta el punto que la gente se preguntaba: “¿De Nazaret puede salir alguna cosa buena?”; es la que nos ventila toda la trascendencia de la labor desarrollada por San José en su pequeño taller de carpintero, mientras Jesús, a su lado, “crecía en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres”.

Como todo obrero, que mantiene a los suyos con el trabajo de sus manos: San José hizo lo mismo por su familia; y alcanzó el prestigio en el ejercicio de su oficio. Se enfrentó a las herramientas, con toda su tosquedad primitiva, que exigieron de él una destreza capaz de superar todas las deficiencias de medios técnicos; sus manos encallecidas se acostumbraron al trabajo rudo.

Cuando Jesús se lanzó a la predicación de la Buena Nueva, le recordaron con afecto: “¿Acaso no es éste el hijo de José, el carpintero?”, se preguntaron los que oyeron a Jesús, maravillados de su sabiduría.

Por eso la Iglesia ofreció a todos los obreros este ejemplo de santidad, proclamando Patrón de los Obreros a San José, el esposo de María, el trabajador humilde, silencioso y justo de Nazaret, que en adelante es para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, escudo para tutela, defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo.