Sábado Santo

Sábado Santo o Sábado de Vigilia Pascual en la noche santa; “Aleluya, Aleluya”
El “Sábado Santo” o “Sábado de Vigilia Pascual” denominado hasta el Concilio Vaticano II (segundo) “Sábado de Gloria”; es el tercer día del Triduo Pascual, que concluye con las segundas Vísperas del Domingo de Resurrección culminando así para nosotros los cristianos la Semana Santa.

15 DE ABRIL

Tras conmemorar el día anterior la muerte de Cristo en la Cruz, se espera el momento de la Resurrección que es la conmemoración de Jesús en el sepulcro, su descenso al abismo, su ascenso a los cielos y su resurrección.

El Sábado Santo es un día de luto. Se conmemora la Soledad de María después de llevar al sepulcro a Cristo, quedando en compañía del Apóstol Juan. Pueden ser expuestas en la Iglesia, a la veneración de los fieles, la imagen de Cristo crucificado, o en el sepulcro, o descendiendo a los Infiernos, ya que ilustran el misterio del Sábado Santo.

En el Sábado Santo la Iglesia se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa. La Sagrada Comunión puede darse solamente como viático. No se concede celebrar el Matrimonio, ni administrar otros sacramentos, a excepción de la Penitencia y la Unción de los Enfermos.

Hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, se llamaba a éste día “Sábado de Gloria”; ya que, la celebración de la Resurrección tenía lugar en la mañana del sábado. En muchos lugares sigue denominándose así por la costumbre, pero su uso es incorrecto.

Actualmente, dicha celebración se lleva a cabo por la noche, y así; el “Sábado Santo o Sábado de Vigilia Pascual” queda para los católicos como un día de silencio y recogimiento, pero silencio expectante por la celebración cristiana más importante del año: la Vigilia Pascual.

En la Vigilia Pascual, la Iglesia Católica celebra una liturgia muy especial, y lo hace con una máxima solemnidad. Empiezan los oficios con el templo a oscuras, encendiéndose y bendiciéndose un fuego en el atrio, en un lugar fuera del templo. De ese fuego se enciende el Cirio Pascual, una enorme vela que simboliza a Cristo Resucitado. Acto seguido, los fieles encienden sus velas de la llama del Cirio.

Llegados al presbiterio, se coloca en el centro del mismo, junto al altar o junto al ambón, se encienden algunas luces del Templo (quedando a media luz), y acto seguido, se canta el “Pregón pascual”, antiguo himno alusivo a la noche de Pascua que proclama la gloria de la Resurrección de Cristo, que envolverá toda la liturgia de esta noche.

Luego continua con la Liturgia de la Palabra, en la que se leen siete relatos del Antiguo Testamento alusivos al plan salvífico de Dios, intercalados con salmos y oraciones. Tras estos sigue la Vigilia con la entonación del “Gloria” que no se había cantado desde que empezó la Cuaresma, junto con repique de campanas y algunos otros efectos que realizan los templos de algunos lugares, mientras se sigue el canto del “Gloria” con el coro, y junto a él los fieles.

Se encienden las restantes luces del Templo y se encienden los cirios del altar tomando fuego del Cirio Pascual. Además, adornan los altares del Templo con arreglos florales, y si las imágenes del Templo estaban cubiertas con velos en este instante son descubiertas.

Se procede a la lectura de una carta apostólica del Nuevo Testamento. Tras esta lectura y previo al Evangelio se entona de manera solemne el Aleluya, y se procede a leer el Evangelio correspondiente.

Tras la homilía tiene lugar la Liturgia Bautismal, en la cual se administra el Bautismo a los nuevos cristianos de ese año, se bendice el agua de la pila bautismal y se cantan las Letanías de los Santos.

También, los fieles presentes renuevan sus promesas bautismales, tomando de nuevo la luz del cirio pascual, y reciben por aspersión el agua bendita. Finalmente, se continúa la Misa con la liturgia eucarística de la manera acostumbrada.