Conversión de San Pablo

La Conversión de San Pablo

25 DE ENERO

Saulo de Origen Griego, El venerable.

Llamado Saulo en su nombre judío, perteneció a la casta de los fariseos. Nació en Tarso, ciudad del mundo grecorromano. Por eso Saulo tenía la categoría de ciudadano romano, al igual que el centurión, el procurador, el tribuno o magistrado.

Por ser judío, en su niñez disimuló su condición entre los demás del pueblo, y ocultó su creencia tenida como superstición por los paganos romanos. Físicamente fue de estatura baja, de espaldas anchas, fuerte y macizo como un tronco, pero cojeaba un poco.

Cuando cumplió 18 años, fue enviado por sus padres a Jerusalén, donde se instruyó en la Ley de Moisés con el fariseo Gamaliel. De ahí que conoció los manuscritos, viejos escritos con signos que a los griegos y a los romanos les parecían garabatos ininteligibles, pero que encerraban toda la sabiduría y la razón de ser de un pueblo.

Posteriormente, ingresó a la secta de los fariseos, y fue ahí que se convirtió en un perseguidor y enemigo de todos los seguidores de Cristo. Su conversión está narrada en la Sagrada Escritura en el capítulo 9 de los Hechos de los Apóstoles. Lo apasionado de su persecución lo llevó a ofrecerse al sumo sacerdote para ir a Damasco a arrestar a todos los judíos que se dijesen fieles seguidores de Jesús.

Fue allí que Dios decidió mostrar su misericordia y paciencia con Saulo y ya cerca de Damasco, una luz del cielo brilló sobre él y sus compañeros, cegándolo por espacio de tres días. “Cayendo por tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?.Dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y entra en la ciudad y se te dirá lo que has de hacer.

Los hombres que le acompañaban se detuvieron, mudos de espanto, oyendo la voz, pero sin ver a nadie. Se levantó Saulo del suelo y , abiertos los ojos, nada veía. Llevándole de la mano lo introdujeron en Damasco, y estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió”

Tres días en los que Saulo asimiló lo que había pasado. Un cambio de vida, de obras, de pensamiento, de ideales y proyectos. La Sagrada Escritura continua la narración diciendo que Saulo recupero la vista y luego se hizo bautizar, con el nombre de Pablo. Así fue que, de perseguidor se convirtió en Apóstol y fue elegido por Dios, como uno de sus principales instrumentos para la conversión del mundo.

En la carta a los Gálatas dice: “Cuando Aquél que me llamó por su gracia me envió a que lo anunciara entre los que no conocían la verdadera religión, me fui a Arabia, luego volví a Damasco y después de tres años subí a Jerusalén para conocer a Pedro y a Santiago”. Las Iglesias de Judea no me conocían pero decían: “El que antes nos perseguía, ahora anuncia la buena noticia de la fe, que antes quería destruir”. Y glorificaban a Dios a causa de mí. Litúrgicamente la conversión de San Pablo es recordada un día como hoy 25 de enero.