Signos y Símbolos de la Semana Santa

SIGNOS Y SIMBOLOS DE LA SEMANA SANTA.

A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”. Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.

Durante la Semana Santa celebramos los acontecimientos más profundos de la vida de Cristo: su cena de despedida, la agonía del huerto, su marcha a la cruz, su muerte salvadora, su resurrección.

La gracia de la Pascua la expresamos con las lecturas, las oraciones, los cantos… Y también con signos y símbolos: Desde las palmas del Domingo de Ramos hasta el cirio o el agua bautismal de la noche pascual, la comunidad cristiana expresa su fe y su vivencia del misterio pascual a través de unos gestos simbólicos muy expresivos.

-RAMOS O PALMAS

Del latín: -palmae- que significa palma de la mano y hoja de la palmera, que usaban ya los romanos como símbolo de victoria. El Domingo de Ramos empezamos la celebración con una procesión de homenaje a Cristo, acompa¬ñándole en su entrada en Jerusalén, en su camino a la cruz, la muerte y la resurrección.

Esta procesión la hacemos con cantos a Cristo, y tam¬bién teniendo en las manos ramos o palmas, como hicieron los niños y habitantes de Jerusalén. Los cantos son más importantes que los ramos. Pero también estos pueden ser significativos y novedosos: nos ayudan a pro¬clamar nuestra fe en Cristo y la cercanía que queremos tener con él estos días de Semana Santa.

-ÓLEOS, CRISMA

El Jueves Santo (u otro día cercano, antes de la Pascua), el obispo, acompañado por los sacerdotes y fieles de la diócesis, bendice o consagra los óleos y el crisma que van a ser la materia de varios sacramentos:

• el óleo de catecúmenos, para el bautismo,
• el óleo de enfermos,
• el crisma, para el bautismo, la confirmación y las ordenaciones.

Los óleos son de aceite, y el crisma, mezcla de aceite y bálsamos perfumados. Estos derivados de aceite realizan en nuestra piel una serie de beneficios: suavizan, curan, mantienen en forma, embelle¬cen, dan frescor, según las distintas clases de “masajes” que nos damos. Pues bien: eso mismo es lo que el Espíritu de Dios quiere obrar en nosotros espiritualmente en los sacramentos. En la cercanía de la Pascua se bendicen estos óleos para indicar que todos los sacramentos proceden de Cristo Resucitado y que la Pascua es novedad absoluta.

-LAVAR LOS PIES

En la Eucaristía vesper¬tina del Jueves Santo imitamos el gesto que hizo Jesús en su cena de despedida, dando a sus discípulos una lección de servicialidad por parte del que tiene autoridad en un grupo. Él vino a servir, y no a ser servido. En la cruz se entregó totalmente. Pero antes quiso hacer este gesto sim¬bólico de lavar los pies que repiten ahora el papa, los obispos y los párrocos en sus comunidades. Porque ellos deben ser signos vivientes del “Cristo entregado por los demás”.

-COMER PAN, BEBER VINO

Comer pan y beber vino con los demás miembros de la comunidad es el gesto simbólico central que nos dejó Cristo: lo repetimos en cada Eucaristía. Ese pan es el Cuerpo de Cristo entregado por noso¬tros. Ese vino es su Sangre derramada por todos. El Señor, ahora Resucitado, nos los ofrece como alimento para nuestro camino y como signo de unión en la comunidad.

En la Semana Santa hay dos momentos en que esto lo realizamos con un sentido particular: el Jueves Santo, en la celebración vesper¬tina en que conmemoramos la institución de la Eucaristía, y en la Vigilia Pascual, la celebración principal del año cristiano. Con este doble gesto simbólico participamos del mismo Cristo, haciendo memoria de su muerte y resurrección.

-LA CRUZ

La cruz fue, en la época de Jesús, el instrumento de muerte más humillante. Por eso, la imagen del Cristo crucificado se convierte en “escándalo para los judíos y locura para los paganos” (1 Cor 1,23). Debió pasar mucho tiempo para que los cristianos se identificaran con ese símbolo y lo asumieran como instrumento de salvación.
El Viernes Santo, después de es¬cuchar el relato de la Pasión, hacemos oración a través del Viacrucis, ejercicio piadoso que consiste en meditar el camino de la cruz por medio de lecturas bíblicas y oraciones. Esta meditación se divide en 14 o 15 momentos o estaciones.

La corona de espinas, el látigo, los clavos, la lanza, la caña con vinagre, son “accesorios” de la Pasión muchas veces aparecen gráficamente apoyados o superpuestos a la cruz. Son la expresión de todos los sufrimientos que, como piezas de un rompecabezas, conformaron el mosaico de la Pasión de Jesús. Ellos materialmente nos recuerdan otros signos o elementos igualmente dolorosos: el abandono de los apóstoles y discípulos, las burlas, los salivazos, la desnudez, los empujones, el aparente silencio de Dios.

Después hacemos un gesto muy sencillo y significativo: nos presentan la Cruz, cantando una aclamación a Cristo, nos acercamos uno a uno a adorarla como signo de nuestra admiración y gratitud por lo que Jesús hizo por nosotros entregándose a la muerte de cruz y reconciliándonos así con Dios.

-EL FUEGO

En la Vigilia Pascual, en la noche del sábado al domingo, iniciamos la cele¬bración reuniéndonos, fuera de la iglesia o en su puerta, en torno a una hoguera de fuego. De ahí se encenderá el Cirio pascual. En la oscuridad de la noche es cuando brilla la luz que es Cristo. La Cua-resma empezó con ceniza. Ahora la Pascua empieza con fuego, luz, agua, pan y vino.

-EL CIRIO Y LOS CIRIOS

De la hoguera de fuego a la puerta de la iglesia se enciende el Cirio, que estará encendido en las celebraciones de las siete semanas de Pascua. El Cirio es símbolo de Cristo, Luz del mundo. Entramos en la iglesia siguiendo a ese Cirio, aclamándole (“Luz de Cristo”). Además, de ese Cirio que repre¬senta a Cristo, vamos encendiendo nuestros cirios particulares. Es un símbolo muy expresivo de que la Pascua de Cristo tiene que ser también Pascua nuestra, y todos estamos llamados a participar de su luz y de su vida.

-AGUA BAUTISMAL

La noche de Pascua es el mejor momento para los bautizos, o para recordar el nuestro. El Bautismo es el sacramento en que radicalmente nos incorporamos a la vida de Cristo, y participamos de su muerte y resurrección. Por eso se hace expresivamente la aspersión sobre todos, y renovamos las promesas bautismales.

-COLOR BLANCO

Los colores también tienen un sentido simbólico. La Cuaresma la hemos celebrado vestidos de morado, color serio y austero. Pentecostés, la donación del Espíritu, que es fuego y amor, la celebrare¬mos de rojo. La Pascua que comienza en la Vigilia del sábado al domingo, empezamos a utilizar el color blanco, el color de la fiesta, de la alegría, de la pureza pascual.

-CAMPANAS

Entre otros signos festivos como: el incienso, las flores y la música, está también el sonido para Pascua de las campanas con su toque evangelizador, anunciándonos festivamente que es Pascua, que el Señor ha resucitado y que nos invita a resucitar también a nosotros.

-RECONCILIARSE PARA PASCUA

“Confesarse por Pascua” tiene mucho sentido. Este sacramento nos comunica el perdón misericordioso de Dios Padre, nos hace participar en la victoria de Je¬sús contra el mal y el pecado, y nos ayuda a luchar contra lo que hay de anticristiano en nosotros.

Y estos fueron los signos y símbolos de la Semana Santa