Santa Jacinta Mariscotti

Santa Jacinta Mariscotti

30 DE ENERO

Jacinta de “aquella que se parece a la flor del Jacinto.

Nació en Vignanello, cerca de Viterbo, en 1595. A pesar de que su hermana mayor había abrazado la vida religiosa en el convento de San Bernardino de Viterbo, Jacinta no manifestó la menor inclinación a la vida de clausura, le gustaba en cambio asistir a todas las fiestas donde ella pudiese mostrar su gracia y elegancia.

Su padre preocupado por el espíritu mundano de Jacinta, decidió encerrarla en el convento con su hermana. Ella se mudó de casa, pero no cambió sus gustos. Cuando el padre la fue a visitar, ella le dijo: “Aquí me tienes, vestida como una monja, como tú querías; pero incluso aquí, yo quiero vivir de acuerdo a mi condición social”.

Santa Jacinta entonces, le exigió a su padre, a cambio de quedarse, una habitación amueblada con todos los refinamientos de la comodidad y todo el lujo posible, una dieta especial y algunas formas de divertirse poco coherente con la vida religiosa. Así vivió en el monasterio durante 10 años.

Un día sobrevino la desgracia, Santa Jacinta cayó muy enferma y de inmediato le enviaron un confesor a su habitación. Pero cuando el monje se dio cuenta de los lujos en los que vivía, se negó a cumplir sus compromisos con esa monja mundana, diciendo:
En el Paraíso no entran monjas soberbias y vanidosas”.

Entonces, ¿yo ingresé a un convento para ser condenada?” respondió la chica.
No, pero usted tiene que cambiar su forma de ser y reparar todo el mal ejemplo que ha dado a sus hermanas”, le dijo el Monje.
Impresionada por estas palabras, Santa Jacinta lloró amargamente y decidió tomar en serio la recomendación del confesor. Se las arregló para reparar el mal ejemplo que había dado a todas las hermanas, y se convirtió en no sólo una ejemplar religiosa, sino una santa franciscana.

Así sucedió que, Santa Jacinta, intercambió el orgullo por la paciencia y la ambición por la humildad. Se convirtió en una religiosa muy devota y su fe creció fervientemente.
Se destacó, sobre todo, en la caridad, se llenó de delicadeza y ternura por las hermanas y para con todas las personas que habitaban la población de Viterbo, a quien Jacinta socorrió en cada necesidad.

Fue Santa Jacinta quien introdujo la devoción de las 40 horas durante los tres días de duraba el carnaval, para así atraer la gracia de Dios a un pueblo que se había distraído por estas diversiones mundanas.
Santa Jacinta murió el 30 de enero de 1640, contaba con 45 años de edad, sonaron todas las campanas de la ciudad, y todos los corazones de los habitantes del pueblo, se conmovieron por el nacimiento al cielo de esta nueva flor de la santidad.