San Cleofás

San Cleofás

25 DE SEPTIEMBRE

Cleofás. De origen griego. Aquél que ve la gloria.

Dos veces aparece este nombre en los Evangelios. Una en San Lucas cuando habla de los dos discípulos que marchaban a Emaús (San Lucas 24; 13,) y la otra en San Juan cuando habla de una “María, la mujer de Cleofás” que estaba presente en el Calvario, acompañando a la Virgen, la tarde en que fue crucificado y murió Jesús ( San Juan 19; 25,).

Sin que pueda establecerse con certeza que estos dos personajes fueran marido y mujer, ya que varones llamados Cleofás debía haber muchos en Jerusalén, sí parece que el esposo de esa María del Calvario debía ser un cristiano muy conocido entre los discípulos, cuando San Juan escribe su evangelio y también que ambos estuvieron muy cerca de los acontecimientos que hoy narramos.

Es la mañana del domingo. Unas mujeres, pretenden envolver en lienzos el cuerpo y poner perfumes preciosos, a la usanza judía, en el cuerpo de Jesús, ya que no pudo prepararse el viernes por la tarde cuando lo pusieron en el sepulcro.

El sepulcro está vacío, no está el cuerpo dentro. Unos ángeles avisan que está vivo el Señor Jesús. Las mujeres, locas de alegría, nerviosas, corren y transmiten la nueva a los discípulos. Pedro y los demás no pueden creer ese inusitado acaecimiento.

La distancia de Jerusalén a Emaús es de más de diez kilómetros. Rumbo Emaús caminan dos discípulos del Maestro. Uno de ellos responde al nombre de Cleofás. Van comentando entre ellos los acontecimientos del fracaso de Jesús en los días pasados.

Caminan cansados llevan la amargura en el pecho. Son tantos años juntos, tantas ilusiones truncadas, tantas promesas secas, tantas alegrías cegadas los proyectos del Reino se esfumaron con los clavos, la cruz y la lanza. Con Jesús muerto no hay esperanza.

Se les unió un peregrino que les acompaño en el camino. El les pregunto ¿qué les pasa? Cleofás con tono enojado casi lo regañó por no estar al día de lo que ha pasado en la Ciudad Santa. Cuando le cuentan los hechos tan trágicos e impresionantes, el peregrino les recordó que ya estaba previsto por los profetas.

Al acercarse a la aldea, el peregrino tiene la intención de proseguir su camino. Cleofás y su amigo le dicen: “Quédate con nosotros, que el día ya declina”. El caminante accedió, entró con ellos en la casa, se sentó a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió en trozos, y se lo dio. En este instante le reconocieron.