San Fulco de Pavia
Fulco de Pavia, Santo. Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Fulco. De origen Germánico ‘pueblo’
Paso a la historia como un gran pacificador. Su apellido, Scotti, es irlandés, sus antepasados llegaron a la península italiana después de la invasión danesa de las Islas Británicas.
Esta invasión fue encabezada por el Rey Knut quien no era un pirata como algunos de sus predecesores, sino que buscaba la prosperidad de sus conquistas, especialmente a través del comercio.
Y por ello, durante un viaje a Roma, pidió a los soberanos de Europa «regulaciones más justas y mayor seguridad en el camino hacia Roma, fue así como a los evangelistas y monjes que habían estado viajando por esta ruta durante algún tiempo, se unieron los mercaderes: algunos de ellos decidieron establecerse en varias ciudades italianas.
Entre estos, probablemente estaba la Casa de los Scotti
Fulco nació alrededor del año 1165 en Piacenza, a la edad de 20 años, fue recibido por los Canónigos Regulares de Santa Eufemia.
Viendo que era un joven de ingenio vivaz, lo enviaron hacer los estudios de teología a París, en la universidad de Europa.
Regreso a Piacenza, a los treinta años y fue elegido prior de Santa Eufemia, Canónigo y luego Arcipreste de la catedral.
Por último, fue consagrado obispo de Piacenza. Seis años más tarde, quedó vacante la sede de Pavía, y Fulco Scotti fue nombrado obispo también de esta ciudad.
Fue en esa ciudad donde gano el mérito de ser considerado un pacificador excepcional ¿Por qué? Pues porque en ese momento, Piacenza y Pavía estaban divididas por una discordia terrible, como muchas otras ciudades vecinas.
Incluso hoy en día la memoria de viejas rencillas entre estas dos ciudades revive en pintorescas tradiciones y aspectos cómicos: en la Edad Media tales rivalidades no eran amistosas, sino como en el caso de Piacenza y Pavía violentas y sangrientas, que fueron causa de luto y ruinas.
San Fulco se esforzó, por la paz interna, es decir, por la armonía entre los ciudadanos divididos en fracciones políticas.
Luego se convirtió en el mediador de paz entre las dos ciudades, enemistadas una contra la otra, y alejadas por la pasión política de las más elementales leyes de cristiana y fraternal caridad.
Fulco asumió el desafío, su objetivo fue acabar con aquella histórica y aparentemente problemática discordia.
San Fulco murió, en 1229, sus restos aún se conservan en la Catedral de Pavia
