San Apolinar de Ravena, Obispo y mártir
San Apolinar de Ravena, Obispo y mártir. Dios salva al que cumple su voluntad.
Apolinar del latín ‘Apollinaris’, que significa ‘perteneciente a Apolo’, el dios griego de la luz, la música y la profecía.
Nació probablemente en Antioquía, en la actual Turquía, en la época de mayor auge del Imperio Romano, al poco tiempo de la muerte de Jesús.
Según la tradición, San Apolinar fue uno de los principales discípulos del Apóstol San Pedro. Cuando San Pedro se trasladó a Roma para fundar ahí la Iglesia, San Apolinar lo acompaño hasta la capital del Imperio.
Durante el reinado del emperador Claudio, San Apolinar recibió la comisión de viajar al norte de Italia como embajador de la fe para empezar a evangelizar y a ganar adeptos para el cristianismo.
San Apolinar se convirtió así en el primer obispo de Rávena, cargo que ejerció durante veinte años. Se le ha atribuido el poder de curar a los enfermos en el nombre de Cristo, y de haber realizado otros milagros.
La relativa tranquilidad de su labor apostólica cambió con el ascenso al trono imperial de Vespasiano, en el año 69, quien organizo las primeras persecuciones contra los cristianos.
Por su cargo y sus actividades en Rávena, San Apolinar fue perseguido. Algunas fuentes cuentan que escapo hacia Dalmacia, donde predico el Evangelio y puso fin a el hambre que prevalecía en esa región.
Sin embargo, al final San Apolinar fue apresado, torturado y martirizado.
Sobre su tumba, en Rávena, se edificó siglos más tarde la célebre Basílica de San Apollinare in Classe, de tres naves, consagrada en 549. Más tarde, en el siglo nueve, fue construida también ahí la iglesia de San Apollinare Nuovo.
San Apolinar de Ravena nos ofrece un ejemplo de la brutal violencia que tuvieron que padecer los santos fundadores del cristianismo.
