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Nuestra Señora de los Dolores
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Por dos veces durante el año, la Iglesia conmemora los dolores de la Santísima Virgen . La primera de estas conmemoraciones es la más antigua, puesto que se instituyó en Colonia y en otras partes de Europa en el siglo XV y cuando la festividad se extendió por toda la Iglesia, en 1727, con el nombre de los Siete Dolores, se mantuvo la referencia original de la Misa y del oficio de la Crucifixión del Señor. En la Edad Media había una devoción popular por los cinco gozos de la Virgen Madre, y por la misma época se complementó esa devoción con otra fiesta en honor a sus cinco dolores durante la Pasión. Más adelante, las penas de la Virgen María aumentaron a siete, y no sólo comprendieron su marcha hacia el Calvario, sino su vida entera. A los frailes servitas, que desde su fundación tuvieron particular devoción por los sufrimientos de María, se les autorizó para que celebraran una festividad en memoria de los Siete Dolores, el tercer domingo de setiembre de todos los años. |
ANTÍFONA DE ENTRADA (Lc 2, 34-35)
El anciano Simeón dijo a María: Este Hijo tuyo será un signo de división y provocará la caída y la resurrección de muchos en Israel; y una espada atravesará tu propio corazón.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo compartiera con Él, de pie junto a la cruz, sus sufrimientos, haz que todos nosotros, asociados con la Virgen en la pasión de Cristo, participemos también en la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo...
LITURGIA DE LA PALABRA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 3, 1-13
Hermano: Es cierto que aspirar al cargo de obispo es aspirar a una excelente función. Por lo mismo, es preciso que el obispo sea irreprochable, que no se haya casado más que una vez, que sea sensato, prudente, bien educado, digno, hospitalario, hábil para enseñar, no dado al vino ni a la violencia, sino comprensivo, enemigo de pleitos y no ávido de dinero; que sepa gobernar bien su propia casa y educar dignamente a sus hijos. Porque, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios quien no sabe gobernar su propia casa? No debe ser recién convertido, no sea que se llene de soberbia y sea por eso condenado como el demonio. Es necesario que los no creyentes tengan buena opinión de él, para que no caiga en el descrédito ni en las redes del demonio.
Los diáconos deben, asimismo, ser respetables y sin doblez, no dados al vino ni a negocios sucios; deben conservar la fe revelada, con una conciencia limpia. Que se les ponga a prueba primero y luego, si no hay nada que reprocharles, que ejerzan su oficio de diáconos. Las mujeres deben ser igualmente respetables, no chismosas, juiciosas y fieles en todo. Los diáconos, que sean casados una sola vez y sepan gobernar bien a sus hijos y su propia casa.
Los que ejercen bien el diaconado alcanzarán un puesto honroso y gran autoridad para hablar de la fe que tenemos en Cristo Jesús. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Los dirigentes cristianos no consiguen sus cargos con base en influencias y promociones. Su actitud, irreprochable y ejemplar es la que los hace creíbles y respetables ante la comunidad.
Del salmo 100 R/. Danos, Señor, tu bondad y tu justicia.
Voy a cantar la bondad y la justicia; para ti, Señor, tocaré mi música. Voy a explicar el camino perfecto. ¿Cuándo vendrás a mí? R/.
Quiero proceder en mi casa con recta conciencia. No quiero ocuparme de asuntos indignos, aborrezco las acciones criminales. R/.
Al que en secreto difama a su prójimo lo haré callar; al altanero y al ambicioso no los soportaré R/.
Escojo a gente de fiar para que vivan conmigo; el que sigue un camino perfecto será mi servidor. R/.
SECUENCIA
Esta secuencia es opcional tanto en su forma larga como en su forma breve, desde *¡Oh dulce fuente de amor!
| La Madre piadosa estaba | ¡Oh cuán triste y afligida |
| junto a la cruz, y lloraba | estaba la Madre herida, |
| mientras el Hijo pendía; | de tantos tormentos llena, |
| cuya alma triste y llorosa, | cuando triste contemplaba |
| traspasada y dolorosa, | y dolorosa miraba |
| fiero cuchillo tenía. | del Hijo amado la pena! |
| ¿Y cuál hombre no llorara | Hazme contigo llorar |
| si a la Madre contemplara | y de veras lastimar |
| de Cristo en tanto dolor? | de sus penas mientras vivo; |
| ¿Y quién no se entristeciera, | porque acompañar deseo |
| Madre piadosa, si os viera | en la cruz, donde lo veo, |
| sujeta a tanto rigor? | tu corazón compasivo. |
| Por los pecados del mundo, | ¡Virgen de vírgenes santas!, |
| vio a Jesús en tan profundo | llore ya con ansias tantas |
| tormento la dulce Madre. | que el llanto dulce me sea; |
| Vio morir al Hijo amado | porque su pasión y muerte |
| que rindió desamparado | tenga en mi alma de suerte |
| el espíritu a su Padre. | que siempre sus penas vea. |
| ¡Oh dulce fuente de amor!, | Haz que su cruz me enamore |
| hazme sentir tu dolor | y que en ella viva y more |
| para que llore contigo. | de mi fe y amor indicio; |
| y que, por mi Cristo amado, | porque me inflame y encienda |
| mi corazón abrasado | y contigo me defienda |
| más viva en Él que conmigo. | en el día del juicio. |
| Y, porque a amarlo me anime | Haz que me ampare la muerte |
| en mi corazón imprime | de Cristo, cuando en tan fuerte |
| las llagas que tuvo en sí. | trance, vida y alma estén; |
| Y de tu Hijo, Señora, | porque, cuando quede en calma |
| divide conmigo ahora | el cuerpo, vaya mi alma |
| las que padeció por mí. | a su eterna gloria. Amén. |
ACLAMACIÓN R/. Aleluya, aleluya.
Dichosa la Virgen María, que sin morir, mereció la palma del martirio junto a la cruz del Señor. R/.
Lectura (Proclamación) del santo Evangelio según san Juan. 19, 25-27
En aquel tiempo, estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: "Mujer, ahí está tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí está tu madre". Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Maria, la madre de Jesús, y Juan, discípulo preferido del maestro, vivirán en adelante como miembros de la familia nueva que Jesús establece con todos los que creen en su palabra.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, los dones que te presentamos en esta festividad de la Virgen de los Dolores, a la que tu Hijo nos dio como madre cuando celebró en la cruz este mismo sacrificio que vamos a ofrecerte. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (1 P 4, 13)
Alegrémonos de participar en los sufrimientos de Cristo, para que podamos alegrarnos también el día en que venga lleno de gloria.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Tú, que nos has hecho partícipes del sacramento de nuestra redención en esta fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, ayúdanos, Señor, a aliviar los sufrimientos que Cristo sigue padeciendo en nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
