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En el Nuevo testamento
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El Nuevo Testamento pone en relieve las tareas de los ángeles respecto de la misión de Cristo como Mesías, y primeramente hacia el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, como leemos en el relato del anuncio del nacimiento de Juan Bautista, de Cristo mismo, en las aclaraciones y las disposiciones dadas a María y a José, en las indicaciones dadas a los pastores la noche del nacimiento del Señor, en la protección del recién nacido frente al peligro de la persecución de Herodes. |
Más adelante, los Evangelios nos hablan de la presencia de los ángeles en el curso de los cuarenta días del ayuno de Jesús en el desierto y durante su oración en el huerto de Getsemaní. Después de la resurrección de Cristo, será también un ángel, bajo la forma de un hombre joven, que dirá a las mujeres precipitadas en el sepulcro y sorprendidas por encontrarlo vacío: “No se asusten. Jesús Nazareno, al que buscan, al Crucificado: ha resucitado, no está aquí […] vayan a decirlo a sus discípulos…”. Dos ángeles fueron vistos, igualmente, por María de Magdala, que fue favorecida con una aparición personal de Jesús. Los ángeles se “presentan” a los Apóstoles después de la desaparición de Cristo para decirles: “Hombres de Galilea, por qué se quedan viendo el cielo? Aquel que subió a los cielos, ese mismo Jesús, vendrá de la misma manera como lo han visto subir al cielo”. Son los ángeles de a vida, de la pasión y de la gloria de Cristo. Los ángeles de Aquel que, según la epístola de san Pedro “está a la derecha de Dios, estándole sometidos los ángeles, las dominaciones y las potencias”.
Si pasamos a la segunda venida de Cristo, es decir a la “Parusía”, constatamos que todos los sinópticos destacan que “el Hijo del hombre […] vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles”, lo mismo que san Pablo. Por lo tanto, se pude decir que los ángeles, como espíritus puros, no sólo participan, en la manera que les es propia, en la santidad misma de Dios, sino en los momentos claves rodean a Cristo y lo acompañan en el cumplimiento de su misión salvífica hacia los hombres. De la misma manera toda la Tradición y el magisterio ordinario de la Iglesia en el curso de los siglos, han atribuido a los ángeles ese carácter particular y esta función de ministerio mesiánico.
